La noche en negro

La contaminación lumínica se está cargando el cielo. Leí hace varios meses que el ayuntamiento de Madrid está cambiando y/o adaptando las farolas poco a poco… muy poco a poco. Mientras tanto, igual que en el equinocio de otoño Madrid celebró la Noche en Blanco, ¿por qué no aprovechar la luna nueva y apagar todas las luces el próximo 19 de marzo, la noche en negro?. Existe un precedente, pero aquí lamentablemente esto no va a ocurrir, es complicado por el tema de la seguridad ciudadana… pero el problema está en que a nadie le importa. Es lo que hace crecer con un cielo gris por el día… y rojo por la noche.

Acabo con una reflexión, leída en El beso en la Luna

¿Qué ser inteligente, que siendo capaz de emocionarse ante una visión hermosa, puede mirar el perfil recortado y plateado del cuarto creciente de la Luna temblando en el cielo azul y no emocionarse intensamente, no olvidar las preocupaciones mundanas de nuestra Tierra o sentirse transportado hasta la primera parada de un viaje celeste?

¿Qué mente pensante es capaz de mirar al brillante Júpiter, con sus cuatro satélites acompañantes o al espléndido Saturno rodeado por su misterioso anillo o de ver una estrella doble refulgiendo en escarlata y zafiro en la infinitud de la noche y no sentirse invadido por el sentido de lo maravilloso? Sí, sin duda:

Si toda la humanidad, desde los humildes granjeros que trabajan los campos a los esforzados obreros de las ciudades, los profesores, quienes han alcanzado la cúspide de la fama o la fortuna e incluso la más frívola de las mujeres…si conocieran qué profundo placer interior aguarda a quienes observan los cielos, entonces Francia, mejor dicho, toda Europa se llenaría de telescopios en lugar de bayonetas, fomentando así la felicidad y la paz universal.

Camille Flammarion, astrónomo francés, 1880