Timing

El curso pasado, teníamos la asignatura Circuitos Electrónicos Digitales al método de Bolonia. Consistía básicamente en dar apenas una tercera parte de las horas de clase habituales, y el resto dedicarlas a tutorías o exposición de proyectos.

Pero de vez en cuando, uno de nuestros profesores (porque teníamos 3 profesores para 16 alumnos, ¡vaya lujo!) nos daba una pequeña charla medio improvisada acerca de algún tema transversal. Fueron varias a lo largo del cuatrimestre, pero hay una que no olvidaremos nunca:

Retrocedamos doce meses atrás, una clase teoórica de circuitos secuenciales (flips flops y compañía). Isidoro nos enseña a manejar los tiempos característicos de los integrados (hold, set-up…). Hasta ahora los diseños que habíamos hecho estaban un poco faltos de este tipo de análisis, nos limitábamos a suponer que los componentes eran perfectos y podían responder tan rápido como quisiésemos a los estímulos, pero esto es una ingeniería, tenemos que ser ingenieros, hacer que las cosas funcionen en la realidad.

Al final de la explicación Carlos, otro profesor, nos cuenta un poco más acerca de la organización del tiempo, del timing, pero esta vez en la vida real. Él tiene mucha experiencia acerca del tema. Se le ve un hombre con muchas cosas que hacer, pero bien organizado. Apenas quince minutos de charla improvisada e informal diern como resultado una conclusión clara: el valor del tiempo. Una gestión adecuada es requisito indispensable para el éxito, en el sentido más amplio de la palabra.

Después de la charla, surgió una interesante discusión; parecía un poco frívolo organizarse todos los periodos del tiempo, hasta los momentos que dejas libres para compartirlos con la familia o los amigos. ¿Ellos deberían ser algo más que un “hueco en la agenda”?. Quizá si, pero cuando la vida profesional llegar a requerirte una cantidad de tiempo que tiende a infinito, más vale acotar los ratos que realmente quieres reservar para los tuyos. Otra solución sería limitarte las tareas y responsabilidades del trabajo a un determinado período de tiempo, horario de oficina digamos. Quizá no llegues a un escalafón tan alto como desearías, pero tendrías el resto del tiempo para disfrutarlo… o para perderlo, depende de cómo se mire.

Por entonces yo pensaba que el tiempo era como un chicle, que podías estirarlo tanto como desearas y siempre encontrar hueco para algo. Ahora he cambiado de opinión. Yo puedo tratar de optimizar el tiempo tanto como me sea posible, una llegará un momento en el que ya no pueda más, alzance un máximo en el que cada minuto, cada segundo de la vida esté planificado de antemano. ¿Y después, qué?, surge cualquier eventualidad y te desborda la agenda. Los eventos se acumulan uno sobre otro. El chicle se rompe.

¿Y por qué me ha dado hoy por escribir esto?. Porque hace unas semanas me di cuenta de que tenía demasiadas tareas, y de que dedicarme a todas ellas era inversamente proporcional a disfrutarlas. Mis reacciones han sido desde dejar de leer algunos blogs hasta abandonar la junta de organización del VPE (Viaje Paso de Ecuador). Poco a poco espero recuperar un ritmo de vida algo más tranquilo, controlar yo mismo mi propio timing.